Betty - lú
Redi Kasther
¡Oh! Betty – lú... Betty - lú.
¿Por qué solo una vez tuvo que
suceder?
¿Por qué nos refugiamos en nuestro
diario quehacer?
¿Por qué tú fuiste tan simpática, tan
coqueta, tan primorosa. . .
y yo tan retraído, indeciso,
titubeante...y tonto?
Oh, Betty – lú.
Soñé que en 5 días tú serías mía...
¡Imposible!... sí, lo sé, Betty - lú,
hice cálculos malos.
Oh, Betty - lú.
¿Por qué no te pude plastificar junto
a mi sombra?
Fuiste un poema transparente que
suicidé junto al mar;
fuiste mi poesía infantil reencarnada,
que se rió irónicamente de mi soledad
sensorial.
Mi íntima necesidad.
Atornillaste tus proezas juveniles a
un clavo de papel
que enmarcaste en mi cucharon de piel.
¡Oh, Betty – lú! Me cuesta tanto olvidar...
Desnudaste al niño travieso que había
en mí,
y hallaste a un hombre pequeño,
lactante en sueños de tu piel, ansioso
de sentirte suya...
Infinitamente Mía.
Oh, Betty – lú. ¿Por qué no fuiste
mía?
Ya he olvidado el castañeo nervioso de
tus manos,
al rozar las mías, juntas, ambas por
azar.
Oh, Betty - lú...¿Por qué no te
atreviste a amar?
Mírame.
Condenado estaré a repetir tu marmóreo
nombre,
por una eternidad ciega y minúscula,
atado a una esperanza rota;
y a empapar, cada noche, y en solitario,
mi pequeña y tibia almohada
con mis gotitas de mi dolor;
mis lágrimas, tan tontas e indecisas
(Agosto 1992)




No hay comentarios:
Publicar un comentario