martes, 30 de agosto de 2016

Rueda de la Fortuna (Poems Flychs, RIL, 2014)

Rueda de la Fortuna
Redi Kasther

Rueda de la fortuna, que giras sin cesar,
tráeme algo de suerte, un momento de felicidad.
No me traigas más penurias, ni otros motivos para llorar;
tráeme algo de suerte, un pichintún de felicidad.
Rueda de la fortuna, no me censures el soñar,
Total las ensoñaciones me ayudan a bien para olvidar.
Tráeme aventuras, mucho dinero, amor y algo más . . .
Rueda de la Fortuna, no pares nunca de girar.

                                                                                                                                      (Septiembre 1990)

Basura Sentimental (Poems Flychs, RIL, 2014)

Basura  Sentimental
Redi Kasther

Acariciaría por un breve momento,
unos centímetros de tu cuerpo perfecto;
un área rosada de tu piel . . . que no es tan rosada,
un sitio que me gustaría mejor conocerlo.
Robaría tu eterna mirada de niña -mujer,
a cambio de un beso de tu boca con sabor a caramelo;
y para sentir menos frío,
buscaría el calorcito que hay por detrás de tu cuerpo.


Me gustaría recorrerte enterita;
como si fueras mayonesa con chantilly y queso.
Y en tu ombligo embriagarme con tu sabor,
entregándote mis más apasionados besos.
Pero lástima que simplemente sólo seas,
de una empresa de juguetes un muy buen invento;
una variedad de muñequita Barby con olor a vainilla,
con la cual de vez en cuando me entretengo.
(y que me dice “Y Love You”
cada vez que le pongo por detrás, pilas alcalinas)

 (01 Junio 1988)

sábado, 27 de agosto de 2016

El Niño que jugaba con tierra (Poems Flychs, RIL, 2014)

El Niño que jugaba con tierra
Redi Kasther

El sol en lo alto, el mundo allá abajo,
un niño entre ambos se entretiene jugando.
En su jardín no hay flores,
pero sí mucha tierra, tierra...tierra.
(Y una armónica en la basura,
mudo testigo fiel de rabietas tontas,
de esperanzas infantiles que nacieron en cada ronda,
en cada ronda solitaria... 
imaginaria... 
y  triste).


Cada día se le va un granito de su inocencia,
con los revoltosos chanchitos, las simpáticas hormigas,
los bicharracos extraños, y las piedras. . .
(El  niño no lo sabe, pero no lo necesita saber).  

Y siempre ha jugado solo,
en las polvorientas calles o cerca de la taberna,
en el colegio de su hermano o en su pequeño cuarto,
en las piezas amplias de sus abuelos,
o en el falso jardín de su casa... siempre solo.
No es melancólico, porque aún desconoce
el significado oculto de esa palabra;
pero sí algo ensimismado, retraído,
introvertido... de esos niños callados. . .
tranquilos.


Pero no es tan inofensivo, sino que es muy movido.
Y muy rencoroso con sus enemigos.
Se apasiona y entusiasma
con sus historias propias de heroínas y vaqueros,
de monstruos de papel y de galácticos caballeros
que viven en su amado jardín.
Sus autitos de cartón, entre la escasa hierba mojada,
se asemejan a pequeños coches de carrera.
Y él los hace correr a cien,
a doscientos, a mil por hora,
sobre la húmeda alfombra del pasto mojado
que crece junto a él.
Sus autitos chocan y se vuelcan,
cada día, en su reino de eternos colores,
siempre con él.


Y sufre, llora y ríe con sus soldaditos de plástico,
y los hace desfilar y él va al frente.
En ellos están sus ideales de niño,
 refugiados inconscientes,
contra una agresiva publicidad televisiva,
siempre muy elocuente.
Sus papas no tienen plata
para que le compren todas esas cosas...
Más a él no le importa...él es feliz así.
 Cada Noche Buena que llega,
le cambia su pan diario  por un sencillo juguete;
y aunque queda con hambre, él se alegra;
pues siente que lo estiman, que lo quieren.
(piensan en él...y eso él lo entiende).
El solo pide lo que papá pueda... y tener amigos;
y en sus negros ojitos brillantes surge la plegaria
gimiendo que no le quiten sus sueños de niño.


Con los años, sus autitos se van rompiendo,
y el, poco a poco, va creciendo.
Llegará un día en que ya no jugará más;
mientras tanto, él no espera ese día,
porque no lo entiende...ni lo comprende,
ni lo necesita saber.
Mientras se acerca ese día,  él tan sólo se entretiene,
 muriendo con sus héroes, resucitando quinientas veces;
para morir con ellos otras tantas veces,
como historias tenga el baúl infinito de su imaginación.
Él no lo sabe, pero sí sus juguetes.


Al caer el sol, sigue con sus autitos,
temblando de miedo con las sombras,
con sus rodillas sucias, y llenas de costras.
Al lado de él, un caserío de madera y cartón acusa,
la miseria y el abandono que en su humilde hogar reina;
pero el niño no es un miserable,
sino que es un millonario de tierra,
un experto en sueños,
un niño cualquiera.
(Y eso es lo que más le alegra,
tener su felicidad
al alcance de sus pequeñas manos)
 .

(Agosto 1992)

lunes, 22 de agosto de 2016

Sueño (Poems Flychs, RIL, 2014)

Sueño
Redi Kasther

Cerré los ojos
y observé al sol dividirse en dos mitades dobladas,
y enlazar substancias ovoidales
que caían a su alrededor...


 Extintores de carne verde apagaron su fuego,
y gimió curvaturas
con gorgoritos onomatopéyicos monosílabos.
Y vi castillos de cristales y de arena...


“¡Tanto mar y tan poco cielo!”
 me decía para mí mismo hasta ayer. . .
Hoy digiero y discierno
que aquello que no tiene límites
siempre es inalcanzable.
                                                 

                                                                                                     (23 mayo 1997)

domingo, 21 de agosto de 2016

Proclama (Poems Flychs, Editorial RIL, 2014)

Proclama
Redi Kasther

Cuando dejen de decirme “No lo hagas”;
cuando dejen de robarme mi mañana;
cuando dejen de juzgar mis palabras;
cuando dejen de intrusear entre mis sábanas...
Recién ahí permitiré seguir existiendo para ellos.
Cuando me dejen planear con mis propias alas;
cuando no me contagien con sus nostalgias;
cuando no me saturen con sus rabias;
solamente ahí, y no antes,
compartiré con ellos mis muchas esperanzas.


Mientras tanto espero, y mientras espero,
me voy deshidratando con la impotencia,
de impaciencia, y de deseos.
Ya no los quiero; por eso no los oigo, ni les temo.
No les creo...ni les miro a los ojos.


Me dan igual,  porque destruyen mis sueños,
mis fantasías de niño;
muchas de las cuales, por culpa de ellos,
me están prohibidas, no porque sean malas,
sino porque ellos quieren que yo 
sea como todos los demás..
y que no juegue con tierra...que no salga a la calle...
que no vea mucha tele y que me ponga a estudiar...
¿Acaso alguna vez ellos han jugado conmigo de verdad?
¿Acaso lo que ven en televisión les hace pensar más?


Dudo de que cambien,
pero que al menos piensen, ¡sí!...¡que piensen!
Porque todos podemos pensar,
y con mucha mayor razón aquellos
 que lo deben de hacerlo por necesidad natural.
¡Sí!...que piensen que ellos también fueron una vez niños,
y que se acuerden que tenemos un corazón de cristal.
Frágil, pequeño, y lleno de sueños por realizar.
Mientras espero ese día, yo me intento rebelar;
más solo puedo en mi cama 
acurrucarme...y llorar. 

                                                                                                                                                          (1986)
(Poems Flychs, Editorial RIL, 2014)

 

Mía Madre (Poems Flychs, Editorial RIL, 2014)

MIA   MADRE
Redi Kasther

Quisiera no ser más. . .y nacer en tu pecho.
Columpiarme de eternidad en eternidad
en tus marchitos brazos celestes.
Beber de tus entrañas pudorosas
la savia casta que me dio la vida.
(Aquel goce perfecto,
 la unión de dos furtivos abrazos cautivos en una noche)
Sentirte toda mía. . . y yo todo tuyo.
Robarme el suspiro húmedo de tu monótono trajinar;
Robarme tu mirada cansada de amarme y quererme
y a mi lado caminar.


¿Por qué los hombres te pusieron " Madre ",
mujer sufrida y cansada?
¿Por qué los hombres te crucifican cada mañana,
mujer industriosa. . . fiel amante desechada?
¿Por qué los hombres ya no te quieren,
y muchos de tus hijos ya no te hablan ni te aman?
Por culpa de ellos estás muy cansada,
pero para ellos tú existes. . .
Aunque, a la distancia, ya no te veo, ya no te oigo. . .
Te has ido quedando en mi infancia. . .
¿Por qué tus caricias de alondra ya no me hablan?
¿Por qué tus besos de rocío ya no me buscan?
¿Por qué tus arrullos nocturnos han callado?
. . . me has robado mi Sinfonía,
la sinfonía alegre de mi infancia,
mi exquisita melodía que ensoñecía mis párpados ingenuos
de chiquillo travieso, de hombrecito pequeño,
de niño enamorado . . .
Mía Madre . . . ¿Por qué te has cansado?


Niña fuiste ayer, anciana hoy te ves.
Más. . . ¡ qué falsa verdad !
 Aún tú eres mi poesía pura, nata de mi dulzura;
fragancia sutil de un gorgorito otoñal que una vez floreció.
Tus cabellos empastados, color  "días de invierno",
son mis rosas verdes dormidas
esperando sonámbulas esperanzas
o la caprichosa primavera que vendrá . . .
Mía Madre. . . ¿Cuándo despertarán? . . .
. . por medio de tus luceros apasionados
descubro que despertaron ya,
hace ya diecisiete largos años,
encadenados con la semilla de Papá.
¡ Ya es muy tarde para ponernos a jugar,
y muy melancólico para poderlo olvidar !


Pero en mi piel, hija de tu piel,
han florecido tus humildes esperanzas y tus besos;
en mis ojos, breve transparencia de tu Ser,
han brotado tus perdidas lágrimas de niña;
en mis manos, heridas de jazmín,
se hallan las arrugas de tu cansado cuerpo;
y en mi corazón, embriagado de nuestro mutuo ayer,
han resucitado tus cabellos, tus finos cabellos negros.

Mía Madre, no te canses más.
¡ Mírame ! . . .
tal como soy, he renacido en tu tibio pecho.
Déjame peregrinar cadenciosamente en tu camino;
y tú,  tierna madre mía,
 duérmete entre mis brazos y mi armonioso silencio,
al compás del ronroneo doncel de mis ardientes besos . . .
que siempre fueron tuyos, y que hoy te los devuelvo
envueltos en infinita ternura y amor.


Así, madre mía,
podrás volar en completa libertad sin tristezas o pena alguna
por el florido paraíso inabarcable
de nuestros más apreciados y lindos recuerdos;
y yo, el niño tuyo que eternamente seré,
 te acompañaré en tu volar, haciendo realidad tus deseos;    
y por ti, y para ti, conseguiré el joyero cósmico
 en donde se hayan todas las estrellas del Magno Universo.

Y tu volarás libre, muy alto, allá, entre las revoltosas nubes,
por el fogoso celeste del abuelito Cielo;
 . . .y  quizás, algún día remoto, te podrán cortar las alas . . .
¡ Pero jamás el vuelo !
Mamá . . . ¡ Te  amo ! . . .
Mamá... ¡ Te quiero !


 (Julio 1991)
Poems Flychs, Editorial RIL, 2014) 

sábado, 20 de agosto de 2016

Atardecer Cósmico (Poems Flychs, Editorial RIL, 2014)

Atardecer Cósmico
Redi Kasther

Dodo tomó el mando 
del pájaro estereoscópico metálico.
En un éxodo al infinito 
sobre mil etéreas nubes volamos.
La terrestre atmósfera, quedando atrás, 
la traspasamos;
y vibramos, y nuestros equipos aúllan. . .
 nos han mentido 
con su vaho de laureles de humo.


El planeta rocoso que llora pus y sangre,
sus humanas células lo han crucificado.
El planeta que vomita miserias y guerras,
un telegrama al Cosmos ha enviado:
“Me estoy quedando desnuda y seca,
me voy quedando sin vida . . .
mis hijos humanos me echan al olvido;
rascacielos bordan mi piel frágil,
y sobre mis aguas vierten su orina plástica
El telegrama urgente lo hemos interceptado.

Dodo salió a explorar la región ignota de nuestro Ayer.
Tu Ser, mi Ser, nuestro Ser,
son pedacitos invisibles de la Humanidad.

Los aparatos del Atómico Huevo estelar,
de pronto, han escupido sudores nitrogenados.
(Con un escalpelo de piel,
sujetado por nuestras brillantes manos plateadas,
recogimos aquellos guiños perpetuos
de electrónica orfandad).



Y tras la moribunda, la Celeste,
el Todo - Luminoso abrió sus fauces,
y la empezó a engullirla lentamente,
sin prisas, hasta devorarla por completo.
Yo miré la sublime escena que ya desaparecía;
y Dodo tomó el timón de la nave cósmica
y preparó los nucleares motores para regresar.
Yo suspiré añoranzas, Dodo salivó infancias;
y el astro rey derramó sus espadas de fuego. . .
El planeta marítimo lloraba. . .



Cada aurora había sido una esperanza,
y cada esperanza, una sonrisa más.
Hoy, ni Dodo ni yo sonreíamos;
sabíamos que éramos los Seres Mortales,
aquellos hijos de la moribunda.
Yo suspiré estrellas, Dodo escupió lágrimas;
y ambos fruncimos el ceño. . .
Y la mosca blanca retornaba.
Un nuevo atardecer cósmico moría,
y allá abajo, en la Tierra, nadie supo jamás nada.

 (Diciembre 1993)
(Poems Flychs, Editorial RIL, 2014)