MIA MADRE
Redi Kasther
Quisiera no ser más. . .y nacer en tu
pecho.
Columpiarme de eternidad en eternidad
en tus marchitos brazos celestes.
Beber de tus entrañas pudorosas
la savia casta que me dio la vida.
(Aquel goce perfecto,
la unión de dos furtivos abrazos cautivos en
una noche)
Sentirte toda mía. . . y yo todo tuyo.
Robarme el suspiro húmedo de tu
monótono trajinar;
Robarme tu mirada cansada de amarme y
quererme
y a mi lado caminar.
¿Por qué los hombres te pusieron
" Madre ",
mujer sufrida y cansada?
¿Por qué los hombres te crucifican
cada mañana,
mujer industriosa. . . fiel amante
desechada?
¿Por qué los hombres ya no te quieren,
y muchos de tus hijos ya no te hablan
ni te aman?
Por culpa de ellos estás muy cansada,
pero para ellos tú existes. . .
Aunque, a la distancia, ya no te veo,
ya no te oigo. . .
Te has ido quedando en mi infancia. .
.
¿Por qué tus caricias de alondra ya no
me hablan?
¿Por qué tus besos de rocío ya no me
buscan?
¿Por qué tus arrullos nocturnos han
callado?
. . . me has robado mi Sinfonía,
la sinfonía alegre de mi infancia,
mi exquisita melodía que ensoñecía mis
párpados ingenuos
de chiquillo travieso, de hombrecito
pequeño,
de niño enamorado . . .
Mía Madre . . . ¿Por qué te has
cansado?
Niña fuiste ayer, anciana hoy te ves.
Más. . . ¡ qué falsa verdad !
Aún tú eres mi poesía pura, nata de mi
dulzura;
fragancia sutil de un gorgorito otoñal
que una vez floreció.
Tus cabellos empastados, color "días de invierno",
son mis rosas verdes dormidas
esperando sonámbulas esperanzas
o la caprichosa primavera que vendrá .
. .
Mía Madre. . . ¿Cuándo despertarán? .
. .
. . por medio de tus luceros
apasionados
descubro que despertaron ya,
hace ya diecisiete largos años,
encadenados con la semilla de Papá.
¡ Ya es muy tarde para ponernos a
jugar,
y muy melancólico para poderlo olvidar
!
Pero en mi piel, hija de tu piel,
han florecido tus humildes esperanzas
y tus besos;
en mis ojos, breve transparencia de tu
Ser,
han brotado tus perdidas lágrimas de
niña;
en mis manos, heridas de jazmín,
se hallan las arrugas de tu cansado
cuerpo;
y en mi corazón, embriagado de nuestro
mutuo ayer,
han resucitado tus cabellos, tus finos
cabellos negros.
Mía Madre, no te canses más.
¡ Mírame ! . . .
tal como soy, he renacido en tu tibio
pecho.
Déjame peregrinar cadenciosamente en
tu camino;
y tú,
tierna madre mía,
duérmete entre mis brazos y mi armonioso
silencio,
al compás del ronroneo doncel de mis
ardientes besos . . .
que siempre fueron tuyos, y que hoy te
los devuelvo
envueltos en infinita ternura y amor.
Así, madre mía,
podrás volar en completa libertad sin
tristezas o pena alguna
por el florido paraíso inabarcable
de nuestros más apreciados y lindos
recuerdos;
y yo, el niño tuyo que eternamente
seré,
te acompañaré en tu volar, haciendo realidad
tus deseos;
y por ti, y para ti, conseguiré el
joyero cósmico
en donde se hayan todas las estrellas del
Magno Universo.
Y tu volarás libre, muy alto, allá,
entre las revoltosas nubes,
por el fogoso celeste del abuelito
Cielo;
. . .y quizás, algún día remoto, te podrán cortar las
alas . . .
¡ Pero jamás el vuelo !
Mamá . . . ¡ Te amo ! . . .
Mamá... ¡ Te quiero !
(Julio 1991)
Poems Flychs, Editorial RIL, 2014)





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