Dulce
Redi Kasther
¿Cómo decirle que la amo,
si las palabras mágicas, enmudecen en mis
labios?
Mis manos tiemblan, mis ojos brillan. . .
ronroneando.
¿Cómo negarla si estoy de ella profundamente
enamorado?
A menudo sueño con ser su hombre,
sueño con ser su sombra . . . sueño con ser su amante,
sueño con ser . . . ¡ ah !
Sueño con ser tantas cosas, que le tengo que
hurtar,
a escondidas, horas a la noche para seguir
soñando despierto,
para seguir pensando en ella . . .
adormeciéndome en su pléyade de infinita
estela . . .
su primorosa y sutil canción de primavera.
¡ Ah !,
por ella . . .
Por ella sería capaz de dar mi atorrante vida
todas las veces que ella quisiera,
a cambio de una sonrisa, o un beso pequeño de
su dulce boca . . .
Por ella
sería capaz de aventurarme en el Gran Innombrable
Océano,
luchar contra cien gárgolas, sátiros y
demonios armados,
embestir contra mil fulminantes tormentas,
para perderme en un tétrico amanecer sin
ocaso;
sabiendo que más allá, al final del mundo y de
todas las cosas,
estaría ella . . .
Por ella
me haría fauno bandido, mutaría a un cangrejo
loco,
a un guerrero poeta, o un indomable corcel
maldito;
sería un gorrión, una estrella pulsar, un
revoltoso remolino.
¡ Yo quiero ser un manantial en su camino !
Por ella . . . ¡ Sí, por ella !
Rechazaría la eterna felicidad perfecta del
Cielo
para dormirme en su pecho blanco, a su lado,
en el mismísimo Infierno . . .
¿Qué me importaría el sempiterno suplicio de
las opresivas llamaradas,
si por Ella venzo al inmisericordioso fuego?
Mi amor clandestino no es sinónimo de miedo,
porque está hecho de lágrimas ardientes,
heroicas esperanzas intangibles y tempestuosos sueños.
Mi amor no es un infierno.
¿Qué me importarían las luminarias de la
bóveda del cielo,
si de pronto, en un segundo, se extinguieran todas?
No me importaría, total, yo ya tengo una,
muy cerca de mi visual contacto,
aunque algo lejos aún de mi tibio pecho.
Sus suaves manos, sus ojitos negros, la luz de
su silencio,
me iluminan los claroscuros que a veces
caen febrilmente sobre mi sendero.
Aunque a veces es poco no tenerla entre mis
brazos,
poco no poderle dar un beso.
¡Ah, ella! . . . . . . . ¿Sabrá que la amo?
¿Lo que tanto yo la quiero?
Quizás no…
y quizás todo sea un simple sueño. . .
Todo sea un dulce sueño,
en el cual cada día y cada noche. . .
yo me pierdo. . .
(Agosto 1992)
Poems Flychs, Editorial Ril, 2014.




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