sábado, 20 de agosto de 2016

Dulce (de Poems Flychs, Editorial Ril 2014)

Dulce
Redi Kasther

¿Cómo decirle que la amo,
si las palabras mágicas, enmudecen en mis labios?
Mis manos tiemblan, mis ojos brillan. . . ronroneando.
¿Cómo negarla si estoy de ella profundamente enamorado?

A menudo sueño con ser su hombre,
sueño con ser su sombra . . .  sueño con ser su amante,
sueño con ser . . . ¡ ah !
Sueño con ser tantas cosas, que le tengo que hurtar,
a escondidas, horas a la noche para seguir soñando despierto,
para seguir pensando en ella . . .
adormeciéndome en su pléyade de infinita estela . . .
su primorosa y sutil canción de primavera.


¡ Ah !,  por ella . . .
Por ella sería capaz de dar mi atorrante vida
todas las veces que ella quisiera,
a cambio de una sonrisa, o un beso pequeño de su dulce boca . . .

Por ella
sería capaz de aventurarme en el Gran Innombrable Océano,
luchar contra cien gárgolas, sátiros y demonios armados,
embestir contra mil fulminantes tormentas,
para perderme en un tétrico amanecer sin ocaso;
sabiendo que más allá, al final del mundo y de todas las cosas,
estaría ella . . .


Por ella
me haría fauno bandido, mutaría a un cangrejo loco,
a un guerrero poeta, o un indomable corcel maldito;
sería un gorrión, una estrella pulsar, un revoltoso remolino.
¡ Yo quiero ser un manantial en su camino !

Por ella . . . ¡ Sí, por ella !
Rechazaría la eterna felicidad perfecta del Cielo
para dormirme en su pecho blanco, a su lado,
en el mismísimo Infierno  . . .
¿Qué me importaría el sempiterno suplicio de las opresivas llamaradas,
si por Ella venzo al inmisericordioso fuego?
Mi amor clandestino no es sinónimo de miedo,
porque está hecho de lágrimas ardientes,
heroicas esperanzas intangibles  y tempestuosos sueños.
Mi amor no es un infierno.


¿Qué me importarían las luminarias de la bóveda del cielo,
si de pronto, en un segundo, se extinguieran todas?
No me importaría, total, yo ya tengo una,
muy cerca de mi visual contacto,
aunque algo lejos aún de mi tibio pecho.

Sus suaves manos, sus ojitos negros, la luz de su silencio,
me iluminan los claroscuros que a veces
caen febrilmente sobre mi sendero.
Aunque a veces es poco no tenerla entre mis brazos,
poco no poderle dar un beso.


¡Ah, ella! . . . . . . . ¿Sabrá que la amo?
¿Lo que tanto yo la quiero?
Quizás no… 
y quizás todo sea un simple sueño. . .
Todo sea un dulce sueño,
en el cual cada día y cada noche. . .
yo me pierdo. . .


(Agosto 1992)
Poems Flychs, Editorial Ril, 2014.

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